El ejercicio salva vidas

Estamos habituados a oír recomendaciones por parte de médicos y autoridades sanitarias encaminadas a que la población haga ejercicio y las bondades que éste aporta. Todos sabemos que previene la aparición de la diabetes, la demencia, las enfermedades cardiovasculares y la obesidad. Puede que los que más hayan leído sobre el tema sepan que el ejercicio previene la aparición de algunos tipos de cáncer como el cáncer de colon. Pero es probable que, aunque muchos lo pensamos, desconozcan que incluso está comenzando a adquirir el rango de tratamiento, no sólo como pieza importante en la recuperación de un proceso morboso sino formando parte del elenco de fármacos que pautamos a los pacientes con patologías crónicas.

Está más o menos aceptado que la “dosis” habitual del ejercicio como tratamiento debería ser de unos 30 minutos diarios al menos 5 días a la semana, es decir unos 150 minutos semanales, o de 75 minutos semanales si éste es de alta intensidad. El tener un valor objetivo siempre es recomendable porque nos permite programarnos, pero a veces nos hace caer en el desánimo cuando no somos capaces de alcanzar esa magnitud. Sin embargo en el ejercicio todos los minutos cuentan. Hay estudios que han descrito descensos de mortalidad del 14% en aquellos sujetos que realizan solo 15 minutos de ejercicio diarios, aportando una media de unos 3 años más de vida. En este mismo estudio además se comprobó que por cada bloque de 15 minutos de ejercicio que vamos sumando disminuimos la mortalidad un 4%.

Parece más que razonable que hasta las personas con vidas muy ocupadas puedan disponer de al menos 15 minutos diarios para “tomar” una medicina que ha demostrado disminuir la mortalidad más que algunos de los tratamientos que la comunidad científica damos por incuestionables.

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